
Samuel Jofré Giraudo en Monte Buey: "La tecnología no puede sustituir nunca a la magnífica humanidad"
En el marco de la Fiesta Patronal de Monte Buey, el obispo de la Diócesis de Villa María, Monseñor Samuel Jofré Giraudo, compartió una profunda reflexión acerca de los dilemas éticos y espirituales que plantea la irrupción de la inteligencia artificial en la vida cotidiana.
Durante su mensaje, el prelado instó a la comunidad a encarar un esfuerzo conjunto para comprender y guiar el uso de estas herramientas, evitando que las dinámicas de manipulación digital generen confusión y desorientación en la sociedad. El obispo realizó un recorrido histórico para contextualizar el momento actual, explicando cómo la humanidad ha atravesado sucesivas revoluciones tecnológicas.
Al llegar al presente, el prelado señaló que la inteligencia artificial representa un salto cualitativo inédito. Explicó que, a diferencia de las etapas anteriores donde las máquinas emulaban el esfuerzo físico del hombre, hoy nos encontramos ante sistemas capaces de procesar y gestionar conocimientos. Este cambio tan profundo puede dejar a muchas personas perplejas o desorientadas, por lo que consideró fundamental el discernimiento comunitario para aprender a utilizar la herramienta sin dejarse dominar por ella.
Jofré Giraudo aclaró que la postura de la Iglesia no es de oposición al desarrollo tecnológico, sino de búsqueda para que este potencie las capacidades humanas en lugar de reemplazarlas. Utilizando la analogía de la velocidad de un automóvil, advirtió que una mayor potencia requiere de cuidados proporcionales para evitar accidentes. El obispo advirtió asimismo sobre el riesgo de que los algoritmos y las redes digitales sean utilizados para la manipulación informativa con fines económicos o ideológicos. En este sentido, remarcó la importancia de resguardar la verdad y no aceptar de manera acrítica todo lo que circula en internet.
Como cierre de su alocución, el representante de la Diócesis de Villa María vinculó este escenario con la necesidad de consolidar las instituciones humanas básicas. Definió a la persona como un ser inteligente, libre y con capacidad de relacionarse, señalando a la familia como la comunidad primaria donde se aprende a vivir. Frente a la realidad de entornos familiares debilitados y situaciones de orfandad afectiva, llamó a cuidar, consolidar y fortalecer los vínculos familiares como el principal soporte para enfrentar colectivamente los desafíos del futuro.