
El calor extremo pone bajo análisis a los cultivos y genera cautela de cara a la cosecha 2026
Desde Agro Kon Kawa advirtieron que las altas temperaturas impactan de manera desigual en soja, maíz y girasol, y que la disponibilidad de agua será clave para definir los rindes.
Las elevadas temperaturas registradas en las últimas semanas comienzan a encender señales de alerta en el sector agropecuario. Desde Agro Kon Kawa, el análisis se centra en cómo este escenario climático afecta a los principales cultivos de la región y cuáles son las perspectivas para la cosecha 2026, en un contexto donde el agua disponible en cada lote será determinante.
El referente de la firma, Marcelo Tobaldi, explicó que el cultivo más comprometido frente al calor es la soja, especialmente la sembrada de primera, que llega a este período con un desarrollo más retrasado. En contraste, el maíz, implantado mayoritariamente en septiembre, presenta una mejor respuesta gracias a que la campaña se inició con buenos niveles de humedad en el perfil del suelo.
Las recientes precipitaciones aportaron alivio y permitieron extender el período de defensa natural de las plantas frente al estrés térmico. No obstante, desde el sector advierten que la evolución de los rindes dependerá de la continuidad de las lluvias y de las condiciones particulares de cada lote, ya que no todos presentan la misma disponibilidad hídrica ni el mismo manejo agronómico. En zonas puntuales, como áreas cercanas a cursos de agua, ya se prevén mermas más marcadas.
En este escenario, el girasol se perfila como el cultivo con mejores perspectivas, con expectativas de una cosecha buena a muy buena, mientras que el maíz aún mantiene posibilidades favorables, aunque con algo más de afectación por haber sido sembrado más tarde. La soja, en cambio, sigue siendo una incógnita y su resultado final estará atado a la llegada de nuevas lluvias.
Más allá del clima, desde Agro Kon Kawa remarcaron la importancia de estrategias de largo plazo para sostener la rentabilidad. Entre ellas, se destacan la rotación de cultivos como herramienta clave tanto desde el punto de vista productivo como económico, y la planificación comercial, con especial atención al momento de capturar precios de venta. En un contexto donde el agua y los valores de mercado son los factores más determinantes del resultado final, una gestión integral aparece como la principal defensa frente a la incertidumbre.